Acabo de regresar de la ceremonia en memoria de mi hijo, Keshet.
Han pasado dos años desde que fue asesinado a sangre fría.
El dolor no desaparece.
Pero quiero que la música de Keshet siga sonando.
El 7 de octubre, mi hijo Keshet Kesroti, de bendita memoria, fue asesinado en el festival Nova, cuando era una flor llena de vida, con tan solo 21 años.
Fue asesinado cerca de la escuela “Keshet”, en el cruce HaKeshetot, una ironía dolorosa para un nombre que iluminó mi vida.
Su cuerpo dejó de vivir aquella mañana maldita.
Pero su historia debe seguir iluminando.
Keshet era un chico de naturaleza, música y alegría, con un corazón inmenso, siempre preocupado por compartir y alegrar a los demás.
La música era el lugar donde florecía: allí bailaba, sonreía y unía a las personas.
Por eso estoy creando una sala de música en su memoria, en la misma escuela “Keshet”.
Allí los niños aprenderán a tocar instrumentos, cantarán y vivirán la conexión y la alegría que Keshet regalaba a todos.
No puedo traer de vuelta a mi hijo,
pero puedo construir esta sala de música en su memoria.
Les pido,
desde el corazón de una madre: donen ahora.
Cada donación me ayudará a mantener viva la música de Keshet.
Gracias de todo corazón,
Natalia, la madre de Keshet.